Cosas de mujeres…

He andado en muchas cosas últimamente y no me hice tiempo de traer una segunda entrada en este blog. Después de avanzar lo posible en varios proyectos personales que sin remedio se tornan también en profesionales, aquí estoy.

Toda esta introducción, porque está relacionado con el evento de este fin de semana del que todo el mundo habla: el día internacional de la mujer, justo hoy. Muchas mujeres buscamos abrirnos paso en el ámbito profesional y destacar, a pesar de las dificultades que los paradigmas y prejuicios sociales nos restriegan en la cara. Otras mujeres queremos de verdad ser madres de tiempo completo y estar en casa con nuestros hijos, pese a la incompetencia de los gobiernos por proveer los espacios y oportunidades para que eso sea real. Algunas mujeres son expuestas a discriminación por querer ejercer sus profesiones, otras por trabajar dignamente en sus oficios y otras, padecen del mal de un sueldo mínimo anticonstitucional que no permite ni que uno solo de los cónyuges sostenga los gastos de su casa, y mucho menos que una mamá soltera lo logre con un solo empleo.

Independientemente de que si yo quiero dedicarme a trabajar o si quiero dedicarme a mi hogar, igualmente termino dedicándome a ambas cosas. Esto me trae muchas frustraciones, pues por un lado veo que «no hago suficiente» en mi trabajo, porque termina mi jornada y yo todavía no estoy satisfecha con lo que hice en el día en mi lugar de trabajo… Las razones son variadas dicho sea de paso. Luego llego a casa, para encontrarme con que ahí tampoco «doy el ancho», porque siempre falta algo más por hacer (y ni siquiera me estoy refiriendo a lavar los trastes y la ropa, los famosísimos quehaceres interminables que ya nos resignamos a que «nunca se acaban»).

En una primera conclusión, ser mujer no sólo es difícil, se vuelve frustrante con mucha facilidad. Por el otro lado de la moneda, de manera directamente proporcional a lo frustante que llega a ser, también es hermoso, maravilloso y gratificante. Lo más sano que podemos hacer es enfocarnos en esos momentos épicos en los que vemos cómo nuestros hijos logran lo que esperábamos, o la persona que amamos nos muestra valoración, tal vez el instante en que recibimos la noticia de la promoción en el trabajo o el segundo que dura el gesto de ese estudiante que muestra que le acaba de quedar claro ese concepto tan abstracto… El paciente que se recupera y la doctora puede dar de alta… La sonrisa de gratitud del otro paciente al que la enfermera le acaba de proporcionar su medicamento o unas sábanas limpias… La sonrisa del niño que te compró un helado en la heladería donde trabajas… En fin.

Aunque esto es algo a lo que también están expuestos los varones. No es sólo algo de mujeres. Estoy de acuerdo en que hay que hacer movimientos sociales para concientizar a las personas, a la sociedad en general, de lo que por sí mismos no nos damos cuenta fácilmente. Sin embargo, creo que nos tardamos. En otros países estos movimientos ya tuvieron lugar el siglo pasado y no sé qué habrán pensado esas generaciones de adultos en aquel entonces. Les dejo libre el espacio para hacer sus propias hipótesis. Lo que sí me queda claro, es que a la edad que ahora tienen mis alumnas de tercero de secundaria, yo no estaba ni remotamente consciente de la violencia psicológica a la que estaba expuesta todos los días, en los ambientes que yo consideraba seguros. Fue hasta que tuve la clase de psicología en preparatoria, cuando comencé a darme cuenta de cuánto daño nos hacemos unos a otros sin estar al tanto de ello.

Toda balanza debería estar equilibrada, ese el es concepto de justicia y también el concepto de ecuación algebraica y de ecuación química, además que así funcionan las cosas en el universo: el caos es espontáneo, la segunda ley de la termodinámica lo confirma y sustenta matemáticamente. Pero el caos prevalece hasta que se llega al punto de equilibrio. Por ejemplo en el equilibrio térmico: la energía calorífica se transmite del foco caliente al foco de menor temperatura, hasta que ambos están a la misma temperatura. Otro ejemplo en las reacciones químicas: las partículas de reactantes seguirán chocando unas contra otras y reaccionando, hasta que exactamente la misma cantidad de átomos que había inicialmente estén reorganizadas con nuevas identidades como productos. Así lo dicta la ley de la conservación de la masa, descubierta en 1785 por el ilustrísimo Lavoisier, quién todo el tiempo contó con el apoyo incondicional e inconmensurablemente importante de su esposa Marie, quién siempre tomaba las notas y hacía la bitácora, con gráficos tan precisos como artísticamente hermosos, muchos incluso tallados o realizados en vaciado de cobre. Esta pareja es y siempre será para mí el ejemplo a seguir. En otra ocasión hablaré más de ellos dos, ahora el tema sigue siendo que mañana todas pararemos de hacer nuestras actividades habituales, para que todo México se entere de lo importantas que somos (sí, importantas con a por favor). Creo que muchos hombres lo saben y nos valoran, como Antoine valoraba a Marie y Marie admiraba, valoraba y respetaba a Antoine.

He visto varias personas burlarse el presidente por la declaración que hizo cuando le preguntaron si se consideraba feminista (debieron decir feministo, creo). Él declaró que «más bien me considero humanista» porque, -explicó- está a favor no sólo de las mujeres, sino también de los hombre y sabe lo importante que es que las mexicanas y los mexicanos tengamos espacios con igualdad de oportunidades y seamos todos y todas tratados con respeto y tengamos seguridad. Lamentablemente sabemos exigir nuestros propios derechos, aunque a veces eso signifique pasar por encima de los derechos de los demás. Sabemos quejarnos de que nos menosprecien o nos sintamos poco valorades en nuestras opiniones, pero fácilmente nos burlamos y desvalorizamos las de los demás que no comparten nuestra misma visión del mundo. Esta es la segunda conclusión.

No iré a trabajar mañana, me sumo al paro nacional; pero mi paro y mi protesta tienen una variante: no quiero resaltar mi ausencia, porque yo ya me siento ausente en mi casa. Yo sí quisiera estar con mis hijos cada mañana, llevarlos a la escuela, jugar con ellos, guiarlos al hacer la tarea… Esperar a que mi esposo regrese a casa y descansar juntos después de su día arduo de trabajo y el mío en casa. No puedo, pero en este caso no se trata de que yo sea discriminada en mi trabajo, en este caso se trata de que aunque mi esposo y yo ganemos cada uno más de un salario mínimo, aún no es suficiente para que nuestra familia viva satisfactoriamente con uno solo de nuestros sueldos. Según la constitución promulgada en 1917, debería serlo, pero aquí el equilibrio no se ve ni para las mujeres ni para los hombres, estamos en esta etapa tan caótica en la que hay tantas colisiones de partículas, que yo sólo espero que sea para hacernos reaccionar y de alguna manera, en algún momento, llegar al equilibrio.

No esperaba escribir tanto en esta segunda entrada. Ya dejé dos promesas para el futuro: una de explicar el algoritmo de los errores (prometido en mi primera publicación) y ahora que luego les platicaré más de Lavoisier y Marie.

Es domingo, es día de la mujer. Deberíamos estar informados de cómo o quiénes lograron que así se promulgara. Esa es la tercera y última conclusión. Seguiremos en contacto.

Publicado por Mathacker

Multifuncional, anormal y versátil. A veces enfermo de verborrea, por eso me conseguí este Blog.

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