Lecciones de una naranja

Estaba sentada partiendo una naranja para comérmela. La partí a la mitad, como de costumbre. Vino mi mamá y vio lo que hacía, tomó una naranja ella también. Me dijo: 

–Mi papá me enseñó a partir las naranjas de otra manera, mira: –Y partió la naranja con tres cortes, en lugar de sólo uno por la mitad. Dos cortes fueron cerca de las “orillas” de la naranja. Ya sé, es casi esférica, así que no tiene “orillas”, pero me refiero a que la tomó y la acomodó de manera que esos ombliguitos que tienen las naranjas en sus polos, quedaran perpendiculares a su mano izquierda; entonces con la mano derecha cortó aproximadamente a 1.5 cm de cada polo, de manera paralela a su mano o a cada ombliguito. Quedó una rodaja gruesa en medio, la cual partió con un corte más que sólo abrió la circunferencia, pero no dividió la rodaja en dos. Entonces estiró los extremos que formó con ese corte, quedó una tira larga que exponía como en triángulos los jugosos gajos de la dulce naranja que invitaba a comérsela. 

–Así es más fácil comértela, estos pedacitos (señaló las rodajas pequeñas que tenían los ombliguitos) se pueden comer más fácil y no se te tira el jugo, ni te lastimas la boca. Luego la tira, ponle chilito de botella y chúpala, mira… –Y se comió la naranja con tanta naturalidad y de una manera que se antojaba, sorbiendo el jugo, aspirando aire con sus labios en forma de anillo porque se enchiló con la salsa Valentina. Yo me reí, de gusto por aprender una nueva manera de comer naranjas y de su gesto juguetón. Me pregunté en mi silencio por qué no me había enseñado antes esta técnica, si se la enseñó mi abuelito; o por qué nunca vi a mi abuelito comerse una naranja así antes. Dejé la duda enterrada, ahora sé que debí expresarla, pero entonces no le di importancia y tomé mis dos mitades de naranja para cortarle a cada una, una rodaja que partí y me hice dos tiras delgadas con triangulitos; les eché Valentina y me las comí. Mi mamá tenía razón: así se comen más fácil y se disfrutan más. Pensé: cuando tenga hijos, les voy a enseñar a partir las naranjas así, pero desde chiquitos, que esta sea la manera normal de comer naranjas en mi casa. 

Lecciones de esa naranja: 

  1. “Divide y vencerás”. Tener tres trozos de naranja la hacen más fácil de comer que tener dos mitades. 
  2. No siempre simétrico y equitativo es mejor.
  3. Sazona las cosas, échales chilito. 

@Mathacker

¿Por qué el tonto de Santa Anna vendió la mitad de México?

He decidido abrir una nueva categoría en este blog, para dar respuestas sencillas a preguntas intrincadas que hacen mis hijos. Tal vez tus hijos también te hagan estas preguntas y no tienes la oportunidad de darte tiempo para buscar cómo responderles. Espero que las respuestas que yo le he dado a mis hijos te puedan ser de utilidad.

Debo aclarar que no en todos los casos soy experta. Esta es la primera pregunta que pondré aquí, pero no es la primera pregunta que me han hecho en esta clasificación: intrincada; sin embargo por algo debería comenzar y como esta semana mi hijo de 10 años me planteó esta interrogante, por eso la elegí.

Basta de introducción. En las siguientes entradas de esta categoría no la habrá, pues ya lo dejé descrito aquí.

¿Dónde escuchaste eso? -Fue lo primero que contesté. Con los niños, hay veces que se debe faltar a esa instrucción tácita social de «no responder a una pregunta con otra pregunta», porque algunas veces se está a punto de entrar en terrenos inocentes que un adulto puede mal interpretar. Hay mucho ejemplos, mejor no me desviaré mencionándolos aquí; pero el caso es que a veces hay que contestar a las preguntas de los niños, con otra pregunta sólo para establecer el contexto.

En la escuela. -Me dijo. Pero me lo preguntó ahora, semanas después de haber dejado de ir a la escuela por la contingencia sanitaria y la pandemia mundial, además en días de vacaciones. Me explicó que en la escuela, su maestro le enseñó que México solía ser un país enorme, que abarcaba una buena parte del territorio estadounidense, pero un presidente llamado Santa Anna, le vendió como la mitad del territorio a los gringos y nos dejó no sólo con un país más pequeño, sino además se quedaron con una región rica en petróleo. ¡Vaya! -Pensé. A su edad y ya quiere entrar en temas geopolíticos. Creo que yo a su edad me pregunté lo mismo, pero no recuerdo si le compartí mi inquietud a un adulto o me guardé la pregunta, porque lo que sí recuerdo es que ya estaba en bachillerato y todavía no tenía la respuesta. Lo que hice fue leer. Lamentablemente, ya no tengo los libros que leí, así que no pude remitir a mi hijo a las fuentes, pero al menos le tuve respuesta. De cualquier manera lo leerá en su tiempo, yo lo hice y sé que le llegará el momento a él también.

Pues aquí va la respuesta en los términos más sencillos que encontré para contestarle. Mira hijo: para comenzar, Antonio López de Santa Anna no era un tonto, pero tampoco era de sangre 100% mexicana, tal como nosotros ahora tenemos la sangre mezclada. Fue un criollo, ¿sabes lo que es eso? -No me acuerdo, me dijeron en la escuela pero ya se me olvidó. -Me dijo. Procedí primero a ponerlo en el contexto. Un criollo es una persona que nació aquí en México (o en otro país Hispanoamericano), pero sus papás y antepasados son de Europa. Eso para comenzar. Los historiadores y autoridades de nuestro país hablan muy bien de Benito Juárez y muchas veces omiten sus errores, porque él fue el «indígena que llegó a ser presidente», pero no son así de condescendientes con Santa Anna, porque para comenzar, no era indígena, era criollo. Ese es el primer punto a considerar para la respuesta: Santa Anna no era tonto y era un criollo.

Segundo punto a considerar: Hubo un tiempo en que fue muy popular y muy querido por los mexicanos. Inició en el ejército trigarante de Iturbide, que pertenecía a los españoles aquí en México, luego tuvo diferencias con su jefe directo (para no entrar en detalles de jerarquías) y decidió cambiarse al ejército insurgente, en el que luchó por la independencia de México. Esta decisión le costó una pierna en una batalla en la que él participó, y le dio mucha popularidad entre el pueblo mexicano. Fue elegido presidente debido a la confianza que se ganó de la gente. Le aburrió gobernar, así que lo dejó para irse a otra guerra. Luego el pueblo lo volvió a elegir presidente y él lo volvió a dejar, así 6 veces en total. Durante el periodo del porfiriato (cuando Porfirio Díaz era presidente), la prensa que estaba a favor de éste presidente exageró la verdad y difundieron que Santa Anna fue presidente 11 veces, pero eso no es verdad, ya hay alguien que se tomó el tiempo de comprobarlo. El asunto es, que fue popular y querido por los mexicanos.

Tercer punto a considerar: En una de esas guerras en las que él participó peleando a la par con el ejército que comandaba, el territorio que tu maestro te dijo que Santa Anna vendió estaba en pleito. Los tejanos querían independizarse, se les había convencido de que les convenía más ser soberanos de su propio territorio, que ser parte de México, una nación recién nacida y que tenía problemas todavía de intervenciones e intentos de colonización. Lamentablemente, Santa Anna y todo el ejército involucrado en ese pleito, perdieron y así también perdieron el territorio que abarca de Texas hacia el río Bravo, el que está marcado en tu libro. Unos años después, en 1853, Santa Anna efectivamente vendió un territorio al Presidente Pierce de Estados Unidos, pero sólo fue la región conocida como La Mesilla, que comparada con el territorio completo que se perdió en la intervención de Estados Unidos en 1846, era muy pequeño. En esa batalla que te menciono, México no sólo perdió más del 50% de su territorio superficial, sino también miles de soldados y Santa Anna, su popularidad, porque él encabezaba al ejército mexicano, pero lo capturaron y fue obligado a firmar un documento llamado El Tratado de Versalles, en el cual a cambio de su libertad, él aceptaba la derrota y reconocía la emancipación del Estado de Texas, que se unió al gobierno del Presidente Pierce. México no reconoció la emancipación de Texas, Estados Unidos declaró formalmente la guerra, la cuál terminó hasta 1948 con la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo y así México ya no recuperó su territorio y Estados Unidos le dio dinero al gobierno mexicano para compensar el territorio perdido, pero en realidad, no fue un trato de caballeros ni una compra-venta entre presidentes, como se nos platica usualmente en la escuela.

Cuarto punto y último: Santa Anna sí era corrupto y tramposo, eso no se puede negar. Fomentó el descontento de los gringos al proponerles tratos, con los que recibía dinero como adelantos y luego no cumplía lo que les había prometido; mejor compraba armas y cosas necesarias para el ejército mexicano, que usaría en contra de los mismos gringos a los que estafó. El colmo fue, cuando por última vez renunció a la presidencia de México, con el argumento de estar deprimido por la muerte de su esposa, pero casi de inmediato se casó con otra mujer y eso no le pareció gracioso a nadie. Al final, fue exiliado del país y murió viejito y detestado por el pueblo que lo vio nacer (era de Veracruz) y que en su juventud lo admiró y lo consideró su salvación en varias ocasiones.

En resumen:

  1. Santa Anna no era tonto. Era Criollo, veracruzano (jalapeño, pues nació en Jalapa), rico, corrupto, buen amigo, estratega y popular. Presidente 6 veces, hiperactivo se podría decir (no aguantaba la vida en oficina, por eso la dejó cada vez que pudo para ir a la batalla); pero definitivamente, no era tonto.
  2. En su juventud fue héroe nacional, popular y amado por todos. Si se hubiera usado en aquellos tiempos las redes sociales, habría sido un influencer y por eso fue presidente varias veces, pero no se sabía estar en paz.
  3. Sí vendió territorio, pero sólo La Mesilla. Lo demás lo perdió y lo canjeó por su vida, pero desde el inicio ya era una batalla perdida, porque los gringos supieron venderle primero sus «prestaciones» de gobierno a las personas que vivían en ese territorio, así que México luchó por recuperar algo que no quería ser recuperado y ahí estuvo la derrota, no en Santa Anna en realidad. Si a ti te atraparan los gringos y te dijeran: «General, debe firmar este papel reconociendo que este territorio que ya no quiere pertenecer a México efectivamente ya no pertenece a México, o lo matamos»; ¿qué harías?, ¿te dejarías fusilar por un territorio que de cualquier manera ya no quería pertenecer a tu país?…
  4. La corrupción en una persona fácilmente hará que pierda su popularidad, amigos, dinero y reputación. Lo mejor es mantener tu integridad, si no quieres morir exiliado y olvidado como Santa Anna, héore-villano nacional.

Pues sí, fue toda una charla. Omití los diálogos de mi hijo en buena parte y las preguntas intermedias, para no hacer este post más largo de lo que ya es. También omití detalles que a quien le interese, puede consultar en el libro de Will Fowler Santa Anna ¿Héroe o villano?, de Editorial Planeta. Aquí dejo este artículo de la UAEM, que muy bien puede servir de referencia para profundizar.

Ya sé que este tema no está directamente relacionado con matemáticas, pero sí con el lema de mi Blog: Mantén el enfoque; no todo lo que dicen nuestros libros de texto gratuitos es preciso y qué bueno que nos dejen con dudas, para que nos atrevamos a investigar y profundizar.

#QuédateEnCasa y lee un buen libro (o al menos un artículo) para desmentir un mito nacional de tu infancia. ¿Por qué no?

No te hagas tablas con las tablas (de multiplicar)

Póster de la Tabla Pitagórica con las tablas de multiplicar.
Póster de la tabla Pitagórica

Un tema común de conversación difícil en casa, suelen ser las tablas de multiplicar. Recuerdo cuando yo cursé el segundo grado de primaria. Mi maestra Juanita dijo que haríamos un juego con una pelota. Ella parecía ser muy innovadora, metiendo una pelota inflada a un salón de clases de escuela de gobierno, para motivar a los estudiantes a memorizar las tablas. Para mí no funcionó. Como típica niña que hace experimentos con el shampoo y las especias de la cocina, no era buena cachando la pelota. Me sentía doblemente nerviosa: (1) porque no me había memorizado por completo las temibles tablas «grandes» (del 6 al 9), y (2) porque tenía que cachar la pelota cuando me la lanzara la maestra y contestar correctamente.

Me había memorizado las tablas en orden, pero (todavía) no era tan astuta como para recordar que se trata de series de números y se puede contar con los dedos. Dicho sea de paso que tenía 6 años, pues de alguna manera me admitieron de 5 años a primero de primaria. La maestra Juanita lanzó la pelota, yo sentía mi corazón acelerado y mis manos sudorosas de nervios. Pensé: «tengo que atrapar esa pelota, ¡vamos, sé que puedo!» y lo hice, pero se me estaba resbalando por el sudor de mis manos. Ni siquiera escuché la pregunta. Solicité que me repitiera lo que debía contestar. La maestra dijo con molestia: «seis por siete»… ¡no puede ser! -pensé. Era justo la que no me sabía. No razoné que podía comenzar en seis por cinco, que sí me sabía y sumarle doce (dos veces seis, los espacios que faltaban para llegar a seis por siete). ¡Noooo! Lo que hice fue tonto: comencé a repasar desde el inicio en mi mente: «seis por una, seis; seis por dos, doce; seis por tres, dieciocho…» y ponía un dedito de mi mano derecha sobre la pelota para no olvidar cuál número ya multipliqué. La maestra Juanita gritó (literalmente gritó, me asustó más aún): -«¡Estás contando!… ¡Pierdes!».

Yo era la niña nueva, recién había cambiado de casa, dejé de vivir bajo la cálida y muy chiqueadora tutela de mi abuelita (quien solía hacer mis tareas, para dejarme salir a jugar), para llegar a la casa de mi mamá donde mi primer hermano era apenas un bebé pero ya había tomado mi lugar (según mis pensamientos de primogénita); con mi personalidad mimada y dramática de entonces… Sin amigos en el salón de clases… ¡Lo que menos necesitaba era el traumatizante enfrentamiento de las tablas de multiplicar!

Este fue el primero de muchos episodios embarazosos y traumatizantes relacionados con las tablas de multiplicar en mi infancia. No se preocupen, ya los superé todos y por eso puedo escribir acerca de lo que sucedió en la clase de la maestra Juanita. También ya aprendí a atrapar la pelota con más habilidad, aunque todavía no soy muy deportista (prefiero deportes de contacto ahora). Sin embargo, me parece que el punto quedó muy claro: entiendo perfectamente el drama de las tablas de multiplicar. Y cómo pueden ser capaces de marcar la vida de las personas, si no se les aborda de maneras pedagógicas adecuadas. Creo que el juego de la pelota podría funcionar, sólo que para mí no fue lo óptimo en mi contexto. Después aprendí algunos trucos o Mathacks y entendí la verdadera esencia matemática de las tablas, simplemente son series numéricas (de tipo aritméticas) y no se les debe temer; al contrario, son herramientas que se usan de manera cotidiana, casi como se usan las cucharas (¿o el papel higiénico, será un mejor ejemplo?…)

Decidí hacer una serie con los Mathacks que pueden ayudar a los niños desde segundo de primaria hasta cualquier edad (todos seguimos siendo niños en nuestro interior, dicen). El primer video que grabé, tiene las instrucciones para construir un póster de la Tabla Pitagórica, que es una herramienta fabulosa para memorizarse las tablas. El video no explica las bondades de la tabla, sólo cómo elaborarla, pero como dije: es el primer video, habrá más de este tema.

Hoy viernes 17 de abril se terminaron las vacaciones de primavera, vacaciones desde casa por supuesto. El lunes volvemos a la escuela en casa, seguimos en confinamiento por nuestro bienestar. Por favor, quédate en casa y puedes aprovechar para hacerte estos materiales didácticos y memorizar las tablas. Mira cómo enfatizo la necesidad nacional de que no salgas, mencionando repetidamente: en casa. Me comprometo a subir videos con más frecuencia, para que esta serie de las tablas quede completa lo más pronto posible y también escribiré más seguido por aquí, estaba poniendo material cada mes pero es momento de aumentar la frecuencia. Igual no tengo citas pendientes, así que puedo dedicarme un poco más a lo que me gusta hacer –desde casa

Mantén el enfoque: #QuédateEnCasa y memoriza las tablas.

Elabora tu póster de la Tabla Pitagórica para memorizar las tablas

El ciclo frustral

En estos días de tanto agetreo y tanta vorágine de noticias, problemas y crisis por doquier, es natural (no normal) que sintamos una ansiedad diferente a la ansiedad de todos los días sin presencia de una pandemia mundial. 

Muchos padres y muchas madres cargamos tanto agobio, que terminamos comunicándolo a nuestros hijos y ellos, «por cualquier cosa» (desde nuestro punto de vista), comienzan una discusión entre hermanos o hacen un berrinche.

Pero no es «por cualquier cosa», es porque ellos también están presentesy escuchan lo que nosotros escuchamos y lo que decimos a otros. Además, sienten nuestras respuestas apuradas o secas e incluso con tono de desinterés. ¿Cómo no frustrarse así? 

Necesitamos hacer una pasusa y calmarnos. Desde que mis hijos eran unos pequeños de pañales, siempre les enseñé a detenerse unos segundos, respirar y calmarse. A la edad de 2 años, mi hijo mayor hizo una «travesura», que más que eso, se trató de un accidente originado en su curiosidad. Nada demasiado grave, pero yo me puse furiosa. Él se paró frente a mí, entendió su manita hacia mi rostro fúrico y desde su pequeña estatura pero mirando fijamente mis ojos, me dijo con su vocesita: «mami, respira.. cálmate».

Claro que inmediatamente tuve que calmarme, no podía darle un mensaje equivocado y si yo le había enseñado eso, no iba a hacer lo contrario. En un instante, toda mi furia se disipó y recordé que lo más importante es eso: mantener la paz. 

Ahora, cada vez que me siento furiosa, frustrada, ansiosa, aplastada por el mundo y su vorágine vertiginosa de información, problemas y crisis diversas… recuerdo la cara de preocupación (y miedo) detrás de la manita extendida de mi hijo de 2 años y su dulce pero asertiva vocecita diciéndome: «mami, respira… cálmate». 

Esa es mi invitación para tí: respira… cálmate. Hay muchas técnicas ya publicadas de respiración consciente, cuyos orígines en disciplinas como el mindfulness, yoga, tai chi, entre otros, pueden ayudarnos. Hay que elegir la que mejor nos calza y ponerla en práctica. Lo que se requiere de nuestra parte no está en esas técnicas ni en ningún otro sitio externo, está en nosotros mismos y se llama VOLUNTAD. Ten la voluntad y la amabilidad de buscar la manera de dejar de comunicar tu frustración a tus hijos y verás que dejas de tener una guerra campal con ellos po lo que sea. Canaliza esa energía y hazla fluir hacia donde a ti te conviene. 

Por ejemplo, imagina esta escena: mi hijo tiene qué hacer sus actividades de la escuela en casa, por la contingencia. Yo le doy las indicaciones que recibí de su maestra. Él va por sus materiales, se sienta con pocas ganas y abre el cuaderno con desdén. Aquí comienza el «ciclo frustral» (así lo llamo, por su similitud fonética con otro ciclo que también suele desesperar en ratos).

  • Tiene las indicaciones, las lee por encima y dice: «no entiendo».
  • Le pregunto qué no entiende, para ayudarle. Contesta: «nada».
  • Yo: «no entiendo nada» significa en realidad «sí entiendo todo», porque doble negación es una afirmación
  • Hijo: ¡mami!, no me confundas más, te digo que ¡no-le-entiendo!  
  • Yo: Pero lee, por favor antes de decir que no entiendes. Y bájale al tono, soy tu mamá. 
  • Hijo: (se calma para bajar el tono) ya leí, pero no le entendí (se lleva las manos a la cara y jala sus párpados, como si se derritiera en frustración -ver la foto arriba-)
  • Yo: Mira, vamos a leer juntos tus instrucciones… (comienzo a desmenuzar palabra por palabra, incluso las fáciles, por ejemplo: «aquí dice resuelve, ¿sí recuerdas la acción de resolve, cierto?»)
  • Hijo: sí entiendo las palabras, pero no sé cómo hacer lo que me pide. 
  • Yo: Entonces ¿ya ves que sí entiendes algo?, no es que «no entiendas nada». Tienes que calmarte, respirar profundamente y tratar de identificar qué te están pidiendo que hagas, para buscar la manera, en lugar de encerrarte en esa frustración. 
  • Hijo: el problema es que tengo qué hacer una división ¡y no me acuerdo cómo se hacen las divisiones de dos cifras!
  • Yo: (intento explicarle las divisiones, paso a paso). 
  • Hijo: no, no estoy entendiendo. 
  • Yo: (me doy duenta mentalmente de que está bloqueado y por más que yo me esfuerce, él seguirá diciendo «no le entiendo»). Ok, esto haremos: tú copia los enunciados de los probleas, mientras yo pongo todo lo necesario y vamos a grabar un video, en el que puedes participar si quieres, o quedarte cayado, mientras yo explico las divisiones de dos cifras. 

Para concluir la historia: grabé el video, él estaba muy molesto como para participar, así que sólo se quedó en silencio observando. Le dejé el video con la explicación y le di libertad de hacer la tarea a su paso. 

Terminó más rápido que el tiempo que nos habría llevado si yo le seguía explicando. 

Moraleja: No te enganches. Tú sientes frustración, tus hijos también y entran juntos al ciclo frustral. Dales facilidades, a veces dejar que otra persona les explique es mejor. No es porque tú no sabes lo que estás explicando, ni porque no tienes la técnica, es porque el ego de tu hijo o hija no le permitirá recibir la instrucción de parte el papá o mamá a quien puede (y está en su derecho, de acuerdo a su psique) hacerle un berrinche. 

Te dejo el enlace al video que menciono. Sucedió esta semana. Estoy a la orden si necesitas ayuda. 

¡No te frustres, mantén el enfoque!

Cosas de mujeres…

He andado en muchas cosas últimamente y no me hice tiempo de traer una segunda entrada en este blog. Después de avanzar lo posible en varios proyectos personales que sin remedio se tornan también en profesionales, aquí estoy.

Toda esta introducción, porque está relacionado con el evento de este fin de semana del que todo el mundo habla: el día internacional de la mujer, justo hoy. Muchas mujeres buscamos abrirnos paso en el ámbito profesional y destacar, a pesar de las dificultades que los paradigmas y prejuicios sociales nos restriegan en la cara. Otras mujeres queremos de verdad ser madres de tiempo completo y estar en casa con nuestros hijos, pese a la incompetencia de los gobiernos por proveer los espacios y oportunidades para que eso sea real. Algunas mujeres son expuestas a discriminación por querer ejercer sus profesiones, otras por trabajar dignamente en sus oficios y otras, padecen del mal de un sueldo mínimo anticonstitucional que no permite ni que uno solo de los cónyuges sostenga los gastos de su casa, y mucho menos que una mamá soltera lo logre con un solo empleo.

Independientemente de que si yo quiero dedicarme a trabajar o si quiero dedicarme a mi hogar, igualmente termino dedicándome a ambas cosas. Esto me trae muchas frustraciones, pues por un lado veo que «no hago suficiente» en mi trabajo, porque termina mi jornada y yo todavía no estoy satisfecha con lo que hice en el día en mi lugar de trabajo… Las razones son variadas dicho sea de paso. Luego llego a casa, para encontrarme con que ahí tampoco «doy el ancho», porque siempre falta algo más por hacer (y ni siquiera me estoy refiriendo a lavar los trastes y la ropa, los famosísimos quehaceres interminables que ya nos resignamos a que «nunca se acaban»).

En una primera conclusión, ser mujer no sólo es difícil, se vuelve frustrante con mucha facilidad. Por el otro lado de la moneda, de manera directamente proporcional a lo frustante que llega a ser, también es hermoso, maravilloso y gratificante. Lo más sano que podemos hacer es enfocarnos en esos momentos épicos en los que vemos cómo nuestros hijos logran lo que esperábamos, o la persona que amamos nos muestra valoración, tal vez el instante en que recibimos la noticia de la promoción en el trabajo o el segundo que dura el gesto de ese estudiante que muestra que le acaba de quedar claro ese concepto tan abstracto… El paciente que se recupera y la doctora puede dar de alta… La sonrisa de gratitud del otro paciente al que la enfermera le acaba de proporcionar su medicamento o unas sábanas limpias… La sonrisa del niño que te compró un helado en la heladería donde trabajas… En fin.

Aunque esto es algo a lo que también están expuestos los varones. No es sólo algo de mujeres. Estoy de acuerdo en que hay que hacer movimientos sociales para concientizar a las personas, a la sociedad en general, de lo que por sí mismos no nos damos cuenta fácilmente. Sin embargo, creo que nos tardamos. En otros países estos movimientos ya tuvieron lugar el siglo pasado y no sé qué habrán pensado esas generaciones de adultos en aquel entonces. Les dejo libre el espacio para hacer sus propias hipótesis. Lo que sí me queda claro, es que a la edad que ahora tienen mis alumnas de tercero de secundaria, yo no estaba ni remotamente consciente de la violencia psicológica a la que estaba expuesta todos los días, en los ambientes que yo consideraba seguros. Fue hasta que tuve la clase de psicología en preparatoria, cuando comencé a darme cuenta de cuánto daño nos hacemos unos a otros sin estar al tanto de ello.

Toda balanza debería estar equilibrada, ese el es concepto de justicia y también el concepto de ecuación algebraica y de ecuación química, además que así funcionan las cosas en el universo: el caos es espontáneo, la segunda ley de la termodinámica lo confirma y sustenta matemáticamente. Pero el caos prevalece hasta que se llega al punto de equilibrio. Por ejemplo en el equilibrio térmico: la energía calorífica se transmite del foco caliente al foco de menor temperatura, hasta que ambos están a la misma temperatura. Otro ejemplo en las reacciones químicas: las partículas de reactantes seguirán chocando unas contra otras y reaccionando, hasta que exactamente la misma cantidad de átomos que había inicialmente estén reorganizadas con nuevas identidades como productos. Así lo dicta la ley de la conservación de la masa, descubierta en 1785 por el ilustrísimo Lavoisier, quién todo el tiempo contó con el apoyo incondicional e inconmensurablemente importante de su esposa Marie, quién siempre tomaba las notas y hacía la bitácora, con gráficos tan precisos como artísticamente hermosos, muchos incluso tallados o realizados en vaciado de cobre. Esta pareja es y siempre será para mí el ejemplo a seguir. En otra ocasión hablaré más de ellos dos, ahora el tema sigue siendo que mañana todas pararemos de hacer nuestras actividades habituales, para que todo México se entere de lo importantas que somos (sí, importantas con a por favor). Creo que muchos hombres lo saben y nos valoran, como Antoine valoraba a Marie y Marie admiraba, valoraba y respetaba a Antoine.

He visto varias personas burlarse el presidente por la declaración que hizo cuando le preguntaron si se consideraba feminista (debieron decir feministo, creo). Él declaró que «más bien me considero humanista» porque, -explicó- está a favor no sólo de las mujeres, sino también de los hombre y sabe lo importante que es que las mexicanas y los mexicanos tengamos espacios con igualdad de oportunidades y seamos todos y todas tratados con respeto y tengamos seguridad. Lamentablemente sabemos exigir nuestros propios derechos, aunque a veces eso signifique pasar por encima de los derechos de los demás. Sabemos quejarnos de que nos menosprecien o nos sintamos poco valorades en nuestras opiniones, pero fácilmente nos burlamos y desvalorizamos las de los demás que no comparten nuestra misma visión del mundo. Esta es la segunda conclusión.

No iré a trabajar mañana, me sumo al paro nacional; pero mi paro y mi protesta tienen una variante: no quiero resaltar mi ausencia, porque yo ya me siento ausente en mi casa. Yo sí quisiera estar con mis hijos cada mañana, llevarlos a la escuela, jugar con ellos, guiarlos al hacer la tarea… Esperar a que mi esposo regrese a casa y descansar juntos después de su día arduo de trabajo y el mío en casa. No puedo, pero en este caso no se trata de que yo sea discriminada en mi trabajo, en este caso se trata de que aunque mi esposo y yo ganemos cada uno más de un salario mínimo, aún no es suficiente para que nuestra familia viva satisfactoriamente con uno solo de nuestros sueldos. Según la constitución promulgada en 1917, debería serlo, pero aquí el equilibrio no se ve ni para las mujeres ni para los hombres, estamos en esta etapa tan caótica en la que hay tantas colisiones de partículas, que yo sólo espero que sea para hacernos reaccionar y de alguna manera, en algún momento, llegar al equilibrio.

No esperaba escribir tanto en esta segunda entrada. Ya dejé dos promesas para el futuro: una de explicar el algoritmo de los errores (prometido en mi primera publicación) y ahora que luego les platicaré más de Lavoisier y Marie.

Es domingo, es día de la mujer. Deberíamos estar informados de cómo o quiénes lograron que así se promulgara. Esa es la tercera y última conclusión. Seguiremos en contacto.

Algo de mí

Amo escribir, más que hablar.

Tengo mucho qué decir, pero no me gusta ser popular.

Como dijo Sócrates: «Sólo sé que no sé nada» y lo corroboro cada día, cuando descubro algo nuevo y eso me confirma lo infinitamente ignorante que soy. Cada día:

  • Mis hijos me demuestran lo asombrosa que es la vida y la manera en que se abre paso sobre la adversidad.
  • Mis estudiantes me enseñan que ellos saben más que yo sobre problemas de la vida (siempre están encontrando más problemas, aún donde pensé que ya no había).
  • Descubro un aspecto nuevo sobre la cocina.
  • Encuentro a una nueva persona, cuyo rostro tal vez no recordaré por el resto de mi vida.
  • Sale un nuevo meme o un nuevo emoji o alguna otra novedad que se puede compartir por redes sociales.
  • Hay algo nuevo, porque ningún amanecer es igual jamás.

Es grandioso estar vivos.

En este Blog:

  • No haré un diario personal, pero es lo más cercano a eso que tengo.
  • Escribiré sobre diversos temas, ya que la vida es muy diversa.
  • Espero llegar a las personas que necesiten saber lo que comparta aquí, a veces sólo necesitamos saber que no somos los únicos que pensamos de cierta manera, o que la frase «eso sólo me pudo haber pasado a mí» es un postulado falso.
  • No me propongo ser popular; pero es algo que me suele pasar cuando me convierto involuntariamente en la voz popular de los que me rodean. Lo que deba ser, será.
  • #zerotohero

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